Vamos las Bandas

Por Sergio Armand
Escuchando en Córdoba un largo playlist donde se mezclaban el rock progresivo de Alan Parsons y el sinfónico del Génesis de Peter Gabriel, los 52 pirulos sobre mi pelo a lo “Nebbia” se proyectaron a mis 15 años, en la década del 80, burbuja adolescente en dictadura. Evasión de las mentes pendex incentivadas por nefastos actores. Mientas escuchaba “Duke Travels” de Génesis imaginaba laberintos electrónicos de ciencia ficción, o al sonar “After The Ordeal” en Selling England by a Pound se mezclaban la leyenda de Excalibur con el imaginario de Tolkien. Ese sacudón emocional, el que te llevaba a imaginar mundos posibles del que querías ser parte porque en este no encajabas, convivía con otros que también te tiraban en la jeta realidades dolorosas, abriles de duelo (en la canción, porque marzo aún lo es), botas locas e instituciones. Escenarios críticos que uno veía como un… “¿pasó o está pasando?” y traían la necesaria pregunta que serviría para vomitar los sapos. Mezclas confusas… bandas que así como protestaban por realidades infumables aparecían en el escenario de la “solidaridad” por los chicos de Malvinas. O un Alan Parsons cuyo “Voyager” de Pyramid sirvió aquí de cortina para las propagandas institucionales de la dictadura por esas mismas Malvinas. Mezclas y realidades que habría que reconstruir con Mis Ladrillos (porque el Rasty era más caro), y críticas de afuera porque eso era lo que supuestamente teníamos. Aunque no.
El adolescente ochentoso argentino es –según el año específico que marcó sus quince y dieciocho- un sujeto sufrido en carne o un limbo de promesas etéreas.
Pero las bandas están. Y si las escuchás hoy traen revelaciones sobre lo que pasaba por la cabeza entonces. Qué se decía alrededor. Quién te sugería “hablá más bajo”. Porque los recuerdos se guardan con filtros, pero cuando despiertan, a veces -sólo a veces-, vienen crudos, con las ralladuras que entonces no veías. Porque después, las del sintetizador, las del bombo atizado con los dedos, las del funky o la murga, la que sea, te sacude, habla y proyecta. Pensaba en esto ahora que así como en la hamaca brasilera (perdón, pero el que nos la vendió se enojó cuando dijimos “hamaca paraguaya”) me colgaba con esta mezcla para algunos –aquellos que juzgan tu gusto como si debiera responder a niveles específicos- un desafío al estómago como pasar de Edgar Froese a Captain and Tennille. Ese es otro tema (“¿cómo podés pasar de Cafrune a Abba?”). Mi playlist quedará bien guardado, seguramente, por mis herederos. Pero las bandas están. Vamos las bandas.

Uniendo los Hemisferios