El gusto de rebobinar

vcr


Por Santiago Alonso

@santiagopalonso

Finalmente sucedió. La felicidad invadió todo mi ser cuando el técnico de la casa de tv-video dijo “el equipo ya está para retirar”.

Primero los ubico en tiempo-espacio: En mi depto actual tengo dos televisores, uno en el comedor y otro en la habitación. Este último tiene varias décadas y es un aparato de fierro, a color, con un sonido nítido y fiel pero que lamentablemente capta pocos canales por lo que se hace necesaria la conexión con un conversor para ampliar la oferta para ver lo que quiera cómodo desde mi cama.

Es ahí donde entra en acción mi equipo recientemente reparado.

Se trata de una videocassetera de marca Audinac que mis viejos compraron en el año 2000. Recuerdo perfectamente aquella mañana. Mi viejo me despertaba con dos noticias que merecían reacciones diferentes, por un lado, me comunica que  había muerto en un accidente automovilístico “El potro” Rodrigo, un ícono de la música popular. Luego del shock venía la segunda noticia: hoy iban a comprar una videocassetera.

No podía creerlo, luego de reponerme del deceso del cuartetero, se superpone mentalmente el segundo hecho. Sentía que tenía el mundo en mis manos.

Durante años quise volver a tener una videocasetera nueva por que la que habían comprado mis viejos a finales de los 80 se había roto con el tiempo y con la crisis y quilombo de los 90 no podíamos afrontar los costos de un equipo tan caro.

A los pocos minutos nos dirigimos a Morón a adquirir el reproductor en cuestión. Como la situación económica había mejorado levemente se pudo pagar en cómodas cuotas.

Ahí comenzó una fiebre imparable por coleccionar series y películas ya que, con la plata que iba juntando (de tres a siete pesos por semana en el año 2000) compraba cassettes vírgenes para grabar cosas que ofrecía la televisión por cable:  Robotech, ALF,  Detective Conan, Mac Gyver,  Dragon Ball Z, Ranma 1/2, Martillo Hammer, Los Simuladores, Hermanos y Detectives, Matrix y las películas de Star Wars cuando las emitía cinecanal en formato widescreen y subtituladas. Mi criterio para la grabación era el siguiente: para películas importantes, la grabación se hacía en modo en SP, o sea, en alta calidad y para series, en calidad media con el objetivo de aprovechar el cassette de seis horas al máximo.

Así pasaba mis fines de semana, grabando y etiquetando prolijamente las cajas de las cintas que iba armando, cada cassette era un superprograma, un compilado con lo que yo seleccionaba. Hasta acomodaba bien los cortes para que no se notase la pausa comercial.

En esa misma época, nos juntábamos en casas de amigos de la secundaria para compartir juntos películas de Dragon Ball Z (recordemos que en plena primavera delarruísta, se pasaban los episodios completos y en distintos horarios) que se vendían en los kioskos y que no se pasaban por televisión.

Mi videoteca se nutría (y nutre) también con la eventual compra a precios muy bajos de películas como Godzilla (la versión yankee del 98 con Matthew Broderick como protagonista), Good Morning Vietnam, Muerto al llegar (una peli regular con Dennis Quaid) y una adquisición reciente: la saga completa de El Padrino a sólo $15, cada vhs a cinco mangos cada uno era realmente una ganga.

Posteriormente, en el 2005, con mi primer sueldo hecho a base de un pequeño trabajo, logré comprar por $300 un reproductor de dvd marca Audiotec, con el cual habré visto más de 2000 películas entre alquiladas, compradas y descargadas de internet.

La calidad del dvd es envidiable, la nitidez es total y se percibe en muchas copias el retoque, colorido y mejoramiento de imágenes, como pasa con una versión de “La mujer maravilla”, donde a la protagonista se la ve aún más maquillada que en su versión original. Pero el vhs se niega a morir y se relanza con títulos cada vez más extraños, un claro ejemplo de esto es el sitio “Raro Vhs” (www.rarovhs.com.ar) un sitio que se dedica a recopilar y mostrar las tapas de las cintas más curiosas y títulos no editados legalmente.

El groso director español Alex de la Iglesia dice que “siempre prefiere filmar sus películas en cine”, en un formato muy especial por su textura, como si de un flan casero se tratase. Lejos de toda comparación, me sucede lo mismo con el gustito que tiene aquello que se vea proyectado en este soporte ya antiguo.

Ahora volvemos al presente, en el que retiro la videocassetera, pago el arreglo y me voy a mi casa a instalarla para revivir épocas en las que mis tardes duraban horas enteras viviendo aventuras fantásticas y los logos de los canales iban cambiando en mi pantalla de acuerdo a lo que fuese registrando.